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lunes, 28 de junio de 2010

El poder restaurador de Dios es avivado en mí. Sano completamente


Así como el poder divino me dio el primer aliento, este mismo poder me sana ahora. Vivifico esta fuerza de vida perfecta al hablar palabras de salud y vigor a mi cuerpo y mente. Dejo ir todo aquello que no apoye la vida y el amor perfectos que son la verdad de mí ser.

El poder de Dios es el único poder que obra en mí. Cada célula de mi cuerpo se encuentra completa innatamente; cada órgano es una parte perfecta del milagro de mi vida.
Al mantener mis pensamientos claros y centrados y mi mente abierta a nuevas ideas y posibilidades, digo palabras poderosas que fomentan mi bienestar. Hablo de salud y paz. Al afirmar mi curación, el poder restaurador de Dios se aviva en mí.
Fuente:soy espiritual

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